jueves, marzo 08, 2012

Edward Rojas y el Mall de Castro






Para aquellos que no conozcan a Edward Rojas, me permito señalarles que este arquitecto radicado en Chiloé hace tres décadas, junto a Luz María, su mujer; debe estar por lejos entre los profesionales más famosos de Chile.
No existe publicación seria que no haya dedicado artículos a su obra; desde Inglaterra a Dinamarca, de Estados Unidos a Corea y por supuesto, toda Latinoamérica; con un sólido libro editado por Escala en Colombia.
Su casa ha sido hostal, centro turístico y familia acogedora con cuanto turista que transite por el sur de nuestro país, generalmente más informados que nosotros, de la importancia y valía de Edward.
En estos 30 años, junto a su socio Renato Vivaldi en un principio y luego otros arquitectos, se comprometió en tal forma con las islas y continente, que definitivamente creo un lenguaje y rescato otros, para darle una identidad a Chiloé.

Por eso su palabra respecto al patrimonio de Castro, no es la crítica teórica desde Santiago, no es la de las cartas a un matutino, sino que viene de la raíz misma de la catástrofe. Y, hay que ver lo medidas que son, cuando el desapego con la cultura local, irrumpe para quedarse como un símbolo de la conquista económica, que arrasa sin prejuicio con las exiguas leyes, trampeando por la vía de los hechos consumados a las autoridades estupefactas que no atinan que hacer frente a los bárbaros en plena faena de conquista.
La Ley de Transparencia permite saber como ha sido la historia de este Mall, que se estacionó sin asco en el centro de una bella y proporcionada ciudad. El permiso original, con 149 estacionamientos y 24.000 m2., pasa de la noche a la mañana, a 200 estacionamientos y 33.000 m2. sin permisos y con 3 órdenes de detención de faenas, ignoradas por la Inmobiliaria Pasmar.
No existen ni por ventura obras de mitigación, así las cosas los habitantes que sienten cumplido uno de los sueños de tener un Centro Comercial climatizado en su ciudad, no reparan los costos que van a pagar en el futuro cercano y los habitantes de Chile, más los turistas que son una industria muy prospera para la Isla, verán intervenida de manera brutal su paisaje urbano.
Los arquitectos de este proyecto son Argentinos, y como ha sucedido en otras profesiones, no hay trabas para que desarrollen su trabajo en nuestro país. De hecho, en los tratados de Libre Comercio suscritos con casi todo el mundo, en la década pasada, no existe acápite regulatorio para el sector de Servicios. No se toca, se ignora.
En el paraíso del capitalismo, si un arquitecto, un abogado o un ingeniero de Nueva York desea ejercer en Chicago California o Florida, tiene que someterse a los Bar Examinations. Su licencia se da tras una jornada estricta de exámenes. Además la comunidad tiene que recibir por parte de los arquitectos, una presentación que se evalúa y se vota. Las ampliaciones del Guggenheim en Manhattan, o de la Tate en Londres, se rectificaron al escuchar a los ciudadanos.
Aquí, en casos contados, se solicita al arquitecto extranjero, asociarse con una firma local, lo que en jerga portuaria equivale a ¼ de pollo.
Nuestro país cuenta con 800 nuevos arquitectos al año, súmele a las visitas que las hay por cientos en estos días…y un encargo de treinta y tanto mil metros cuadrados, hace que las códigos éticos se reblandezcan ante tamaño proyecto.
Cesar Pelli recibió el encargo de Costanera Center. Pero Pelli es Pelli, quien se asoció con Barreda, Alemparte y su socio ejecutivo como es el distinguido arquitecto, Yves Beçancon ; certificado de profesionalismo intachable.
Y volviendo al Mall de Castro, no hay duda que va terminar inaugurándose con todos los episodios conocidos y desconocidos. Intendente, Alcalde e invitados como en el Mall de San Antonio, que prostituyó la vista al mar sin aporte alguno a la ciudad, aplaudirán al son del Pisco Sour; con palabras vagas y fugaces, la importancia de esta obra para la zona.
Con suerte, este Mall tendrá una fachada cosmética, replicando en aluminio unas ventanitas al igual como se maqueteaban los escenarios de la Quinta Vergara. El reino del Kistch.
Eso, no es arquitectura; es sólo y mera construcción. Una bodega no es arquitectura, como tampoco lo es esta bodega de tiendas que definitivamente, ha arruinado una parte del patrimonio nacional.
De ahí, que sea exigible tener un nivel de estudios mínimo para ostentar un cargo público, pues se supone conlleva un cierto nivel cultural que cautela el territorio, la historia y sus habitantes. Aquí se nota el desprecio por la opinión pública, con un silencio inexplicable. Todas las respuestas oficiales, han sido infantiles, cautelando sus responsabilidades y no la de la región. Sinceramente echo de menos, alguna palabra que este a la altura de Edward Rojas. No la hay y no la habrá.
Otro triste episodio que me hace recordar aquello de que los médicos entierran su errores, y los arquitectos los tapamos con hiedras. Pero la prepotencia y soberbia, no tienen pena en este mundo.

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