miércoles, agosto 15, 2007

María Luisa por Sara Vial



El legado perdido de María Luisa Bombal
Valiosos manuscritos, cartas, textos inéditos, fotografías e incluso una obra de teatro no estrenada contiene el maletín negro que solía portar la autora de "La última niebla", actualmente extraviado y que cobra actualidad a raíz de los hallazgos en torno a Gabriela Mistral.

Por Sara Vial. Escritora.

Si no se hubiera armado este revuelo en torno a las cajas mistralianas, atiborradas de secretos manuscritos, fotos, cuadernos, epistolarios, diarios de vida y poemas inéditos, ¿se habría venido a la memoria ese secreto mayor que fue María Luisa Bombal?

¿Habría surgido esta curiosidad acerca de la única escritora chilena que, en nuestra opinión, podemos colocar como hermana y antípoda de esta Gabriela que no termina de agigantarse, habiendo sido el olvido consubstancial para ambas?


Mi relación de amistad con María Luisa partió en los años 60, cuando planeaba volver a Chile definitivamente, después de la muerte de su esposo francés nacionalizado norteamericano.

La conocí en casa de Nina Anguita, amiga suya, en un almuerzo condimentado con la presencia de Alone, su indeclinable admirador.

Su alegría, su informalidad, su chasquilla que entonces se teñía negro azulado y su nariz puntiaguda que detestaba, desvanecieron la imagen trágica que tenía de ella a través de sus heroínas.

Había en María Luisa una gracia histriónica y humorística poco apreciada (invisible en su obra) que no se contradecía con su sentido poético de las cosas.

La conversación acerca de su nariz fue el primer eslabón de la amistad literaria que terminó con su muerte, en los años 80.

Eramos vecinas en Viña y la veo cruzando el puente del estero, envuelta en su inmenso abrigo de piel, ya que iba muy frecuentemente a mi casa, sobre todo en los inviernos.

En una oportunidad llevaba un maletín negro, abultado. "Me voy a Santiago. No sé cuándo vuelva y quiero que tú me lo cuides", dijo. Tuvimos que subirnos en una silla para empujarlo al fondo de la parte más alta de un closet.

Eran manuscritos y diversas versiones de algunos de sus cuentos, fotografías de familia, algunos libros, anotaciones, cartas, recortes, esquelas de sus amigas argentinas Victoria Pueyrredón y Gloria Alcorta, cartas de su hermana Blanca y su sobrina, casada con el director de "La Nación" de Buenos Aires, Bartolomé Mitre, "Bartolito"; su obra escrita en inglés en Estados Unidos, "The Foreigner Minister", sobre el canciller Masarik, empastada en cuero negro con el sello de Ferrar Strauss. Eran los originales, que nunca fueron traducidos al español. Tampoco como obra de teatro, nunca fue estrenada.

Cuántos papeles amarillentos en aquel maletín negro que debí mantener en clandestinidad literaria.

Incluso -perdonen la referencia- también venía allí un poema mío dedicado a Prat, que ella copió son su letra, borrador del que envió a Arturo Prat Echaurren, el nieto del héroe, desde Nueva York. En un momento cayó al suelo un papel. Era el poema. Debe haber visto tanta desesperanza en mi cara cuando vi que volvía a guardarlo, que dejando de lado su apasionado celo por sus papeles, me lo pasó sin decir una palabra.

Bombal enviaba chocolates a Belisario Velasco

¿Qué otras cosas contendría ese maletín? ¿Estaría allí la tapa de la caja de chocolates en que le enviaba divertidas dedicatorias a Belisario Velasco, cuando se hallaba en Dawson y ella era amiga de su hermana que le mandaba encomiendas con los chocolates de María Luisa, acompañados de dedicatorias como ésta: "Belisario, ¿hasta cuándo nos haces sufrir con tus extravagancias?"

Naturalmente, para quienes la conocimos, la frase se conduele de no dejarnos oírla con la voz, el tono y la modalidad de María Luisa, que era capaz de hacer llorar y reír a carcajadas según lo que dijera o escribiera.

Su hablar era vagamente arrastrado, acentuando las "erres", un poco bonaerense, como un eco de su época de vida en Buenos Aires, donde fue gran amiga de Borges y su madre Leonor. No es misterio que Borges estuvo enamorado de una prima de la Bombal, Susana, y que a la vez quería mucho a sus dos hermanas, Blanca y Loreto.

No ignoraba yo -ella lo comentaba siempre- que poseía una cantidad de cartas "íntimas" del poeta Federico García Lorca y cuando yo trataba de saber si habría alguna en el maletín negro, la desilusión era inmediata. "¡Ah no, no! Las cartas de Federico están guardadas en una caja de fondos de mi editor de Buenos Aires, junto con otras de Sherwood Anderson, Neruda y valiosos amigos y escritores". Pero el editor veló por ellas con tal acuciosidad que no se las devolvió nunca. Ella casi lloraba cuando se acordaba que después murió el editor, después se murió su viuda...y ella nunca pudo recuperar absolutamente nada.

María Luisa quería mucho a sus primos alemanes, como les decía a Hernán y Cristián Precht, igual a su prima Marta Bañados, de los que hablaba siempre con cariño, cuando regresaba a Viña de la casa de ellos en Santiago.

¿Habrá inéditos por allí? Sin embargo, ella era infinitamente celosa con ellos, a la vez era distraída, se hallaba ya muy enferma y no lograba escribir la novela prometida a su marido en su lecho de muerte y cuyo título iba a ser "Y Caín lloró". Lo seguro es que de Caín no hay huellas, como tampoco de "Embrujo", la novela que en ingles tituló "House of mist", y que pretendió traducir en Viña del Mar.

En fin, recordar a María Luisa Bombal puede no ser cuantitativamente espectacular, pero menos se encuentra... si no se busca. Hoy en día, época de epistolarios famosos, esperemos la carta que aún María Luisa puede escribir.