sábado, abril 21, 2007

La Biela y Feria del Libro : Inseparables


Desapareció el Hotel de Con Cón, el de Los Satélites;
La Pérgola del Club de Viña, también Mau Mau, el de los hermanos Lata Liste y el mejor portero de Sudamérica: José Fraga, los recuerdos gracias a Dios nos siguen acompañando, y desde una mesa en La Biela, nuestras líneas dominicales.

Gracias a la compañía de una excelente recopilación de Ted Libbey, enfrento una demora casi insolente en el vuelo que me lleva a Buenos Aires. Logro subir al 737, que apenas tiene espacio para respirar. De nuevo me salva la pluma brillante de este autor que ha hecho magníficas reseñas musicales, es un sedante , ante los largos minutos que dura la fila para ingresar a la República Argentina.



Ezeiza esta de miedo, 42 minutos esperaremos para salir.

Si no fuese por la amistad de 24 años con Alberto Osuna, quien conoce de memoria los gustos de sus clientes, el aterrizaje en La Biela hubiese sido más sobresaltado.
Mientras llega la bandeja de snacks ( U$ 3,5), y las infaltables aceitunas tibias en aceite de oliva y finas hierbas, se acerca Ariel, con su arte para dejar fantásticos los zapatos más ajados; saluda cariñoso Ricardo Riaño, con su pechera verde es parte de la historia de La Biela.

Quintana 600.

No sé por qué congrega más gente que el Café de la Paix, justo al frente. Igual son óptimos los dos, antes y después de la maravillosa remodelación que convirtió a calle R.Ortiz en peatonal, dejando una explanada hasta Junín, al borde del cementerio. A la sombra del gomero he visto muchos restoranes desaparecer, como el de Gato Dumas, aun queda su vecino,  Lolas en la esquina con Guido, pero no es lo mismo.

En la cuadra que sigue hacia el Village Recoleta, ( esto fue escrito el 2007...mucho ha cambiado ) con los cines, su regia librería, modelo idéntico de Borders, que para llegar hemos sorteado a quienes nos invitan a los menú por 9,90 pesos, excepto Clarks, por el triple y que se vio ahogado entre tanto ofertón; de la calle Junín al 1800 donde. perdió la dignidad de dos décadas de elegancia y primacía, dejándonos el antiguo placer para la noche, en calle Sarmiento 645, ahí el Roast Beef a la moda de Yorkshire ( U$ 5 ) resulta insuperable.

Encaminamos nuestros pasos por calle Alvear, pues el diseño tan equilibrado de Ralph Lauren, habiendo remodelado una casona por años cerrada, merece más de una foto, y luego vendrán aquellas que son de colección, frente a las Embajadas de Brasil y Francia, el la plazoleta Carlos Pellegrini, la más soñada de los cien barrios porteños.



Cierro por un instante los ojos, recordando en Arroyo 866, la obra de José y Alberto Lata Liste. El mítico Mau- Mau. 


Afrika – en calle Alvear – nunca llegó al nivel de la puerta custodiada por Fraga en el Mau-Mau y la música a cargo de Norberto Navarro. Un deleite.

Es más, su vinilo ¨Música de Alto Vuelo ¨,  fue la inspiración para decenas de producciones que hemos visto recién, como el CD ( van en el número 7 ) que identifica al Café del Mar en San Antonio, Ibiza

Luis Géell diseñó la combinación básica y sencilla, la cual es Cala del moro, Mar y Música. Aquí, no había mar, ni puestas de sol, pero eran tiempos de encontrar a una infinidad de amigos argentinos, muchos veraneaban en Chile, con Prieto a cargo del bar y Santana que traía los juguitos Pindapoy.

De Cúspide, en Vicente López 2050, salimos con varios, digamos muchos libros. 

Bolaño 2666, por supuesto. 
No pondré los precios porque sería burla. 
Los de Arquitectura siempre los he comprado en CP 67, solo a ella, Lila
Viene la Feria del Libro y de toda Latinoamérica la llaman a CP67. Content, de Rem Koolhaas pesa más el papel que su contenido. Lila me advirtió que no lo trajera..pero la tentación vence a los espíritus más fuertes al fondo de la galería en Florida 683, local 18. Desde 1967, dirección imperdible e impagable para las publicaciones de Arquitectura., Diseño y Arte.

A propósito de libros, en la mañana de un domingo, me encuentro en Corrientes, al lado de libros Hernández que está inexplicablemente cerrado, con el (ex) embajador Luis Maira. Lucho no contento de vivir al lado de una Best Séller, hurga profesionalmente los mesones. Dos chilenos, a media mañana, con una librería de Corrientes a su disposición; pueden desestabilizar sus economías domésticas. No hay límite en el dato y de los buenos viniendo de un gran lector como nuestro embajador.

Voy despertando frente a la ventanilla donde se pagan los U$ 18, de tasa de embarque. Los largos minutos ya descritos para el trámite de dejar la República Argentina y un vuelo, ahora muy cómodo en el Airbus, me permiten terminar el artículo, mientras mentalmente deambulo por Playa Amarilla. Urrutia, Lastarria, Pérez Walker, su música, son la magia que nos encienden los recuerdos; que están construidos por lugares y sus gentes.

Si perdemos los unos o los otros, nos quedamos sin memoria y patrimonio. Leo las últimas columnas de Gallagher , donde la brevedad no está reñida con la originalidad y la profusión de ideas; por el contrario, casi siempre consigue expresar, con precisión e ingenio, un punto de vista novedoso y a menudo polémico, como diría Vargas Llosa, de este otrora profesor de Oxford.

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