
La distribución de los talentos en la globalización
Un estudio de una prestigiosa consultora de EE.UU. hizo un ránking sobre cómo los países están encarando la globalización. Chile obtuvo el lugar 34 entre 62 naciones, y una calificación muy distinta en las diversas categorías de evaluación. Aunque estamos bien en materias económicas gracias a las exportaciones y los tratados de libre comercio, estamos bastante mal en conectividad tecnológica, tema tocado aquí en los foros sobre Capital Humano y Tecnológico. Además, se ha decidido no participar en la prueba TIMMS, y así las cosas, la errática respuesta a uno de los capitales más trascendentes de una sociedad, como lo es su educación, parece no requerir de una "Mesa", hipérbole contemporánea de cuando no se sabe que hacer. Si no sabe Copie ..pero copie bien. Hay 37 ejemplos desde Irlanda a Singapur para copiar. Este problema hay que solucionarlo ahora y no como he escuchado atónito, en 30 años. Eso es para evadir irresponsablemente el problema.
Cuando la prestigiosa firma consultora A.T. Kearney dio a conocer los resultados de su "Ranking de la Globalización" para 2005. Chile logró el lugar 34, tres puestos más arriba que en 2004. Este estudio analiza cuatro categorías para determinar la vocación internacional de distintos países:
el nivel de integración económica;
el grado de conectividad tecnológica de cada país;
la profundidad de los contactos internacionales a nivel de las personas;
y los compromisos internacionales a nivel político.
Los primeros puestos en el ranking fueron para Singapur, Irlanda, Suiza, Estados Unidos y Holanda. A la cola, en el último lugar, está Irán
Según este estudio Chile es el segundo país más globalizado de América Latina, después de Panamá, la que logró el puesto 24. El resto de los países latinoamericanos considerados en el ranking son México (42), Argentina (47) - la que retrocedió 13 puestos en relación a 2004-, Perú (54), Venezuela (55) y Brasil (57).
Es muy probable que este buen resultado a nivel regional cause satisfacción -e incluso orgullo- entre aquellos que creen que nuestro desempeño debe medirse en relación a nuestro propio barrio. De otro lado, quienes creen que debiéramos compararnos con los mejores del mundo -y no sólo con nuestros pobres vecinos-, se mostrarán alarmados. Para empezar, dirán que el ranking sólo incluye a 62 países, y que, por tanto, estamos ubicados en la mitad inferior de la muestra.
El horrible ejemplo manido del vaso medio vacío..
No contentos con esto, notarán que los países que nos rodean no son, exactamente, lumbreras de la internacionalización ni de la modernidad: en el puesto 33 -uno más arriba que nosotros- está ubicado Uganda, y en el puesto 35 se encuentra Rumania. Finalmente, dirán que una vez más varios países asiáticos se ubicaron por encima de nosotros.
Sin embargo, ambas interpretaciones -la complaciente y la crítica-, son demasiado simplistas, y no permiten captar la compleja realidad de nuestra dispareja globalización. Afortunadamente, a través un análisis detallado de las distintas categorías consideradas en el estudio de A.T. Kearney es posible tener una idea más afinada de nuestra posición relativa en el mundo globalizado.
Dimensiones de Globalización
En materia económica nos encontramos muy bien ubicados, en el lugar 16. Esta buena calificación refleja la política de apertura y de exportaciones impulsada en Chile desde hace más de 25 años, política que ha dado espléndidos resultados en términos de su contribución al crecimiento económico del país. La firma de un número de tratados de libre comercio ha ayudado, sin duda, a que el país tenga un alto nivel de internacionalización económica.
Debe notarse, sin embargo, que mientras el ranking nos da una excelente calificación en materia de apertura a la inversión extranjera, nos ubica justo en la mitad de la tabla en términos del vigor de nuestro comercio internacional. Esto tiene dos importantes implicancias.
En primer lugar, es esencial mantener nuestra posición de liderazgo en materia de inversiones extranjeras. Esto, claramente, significa que hay que pensarlo varias veces antes de implementar medidas impositivas discriminatorias, que contradicen compromisos solemnes en relación a las inversiones foráneas.
En la categoría "conectividad internacional de las personas," Chile está bastante mal ubicado. En un principio uno podría preocuparse, pero después de analizar los resultados en detalle hay que calmar la mirada. Por un lado, viajamos poco, lo que no es demasiado bueno, ya que el conocer otras culturas es un elemento esencial para entender el mundo, y para adoptar las innovaciones realizadas en otros lugares a nuestra propia realidad.
También hacemos pocas llamadas internacionales, lo que no es tan sorprendente, ya que cómo no viajamos, no tenemos amigos en el extranjero. Finalmente, el estudio de A.T. Kearney señala que Chile recibe un volumen bajísimo de remesas internacionales. Esto, sin embargo, lejos de ser una debilidad es señal de nuestra fortaleza. Nuestros compatriotas no se ven en la imperiosa necesidad de emigrar, cómo en tantos otros países emergentes.
Nuestras calificaciones en el área de "compromisos internacionales a nivel político" son bastante disparejas. Por un lado, logramos un buen puesto en las categorías de suscripción de tratados internacionales (6), y membresía en organizaciones internacionales (12). Por otro, estamos relativamente mal en transferencias gubernamentales (29) y en participación en las misiones de paz de las Naciones Unidas (47).
Últimamente, sin embargo, el gobierno ha tomado una serie de medidas que, al menos en el papel, debieran mejorar nuestras calificaciones en esta área.
Pero es el área de "conectividad tecnológica" la que más me preocupa. En términos de usuarios de internet nos encontramos en el lugar 27, levemente por encima de la mitad. En las categorías de "sitios de internet" y "servidores seguros" estamos en los lugares 32, justo en la mitad del ranking. Un país que aspira a derrotar la pobreza y alcanzar el desarrollo en una generación, no puede darse el lujo de vegetar en el medio de la tabla de posiciones en materias tecnológicas. Si verdaderamente queremos diversificar nuestras exportaciones, mejorar el nivel de vida de la población y avanzar en la senda del progreso, tenemos que hacer enormes esfuerzos por ubicarnos en los primeros 15 lugares en conectividad tecnológica internacional.
Pobre Educación Universitaria
Una estrategia global ganadora requiere de una fuerza de trabajo técnicamente preparada, ágil, y dinámica. En el mundo globalizado la educación universitaria debe preparar a individuos capaces de resolver problemas complejos y que puedan adaptarse con rapidez a circunstancias cambiantes. Desafortunadamente, nuestra educación universitaria está muy lejos de cumplir con estos objetivos.
Nuestras universidades funcionan sobre la base de modelos antiquísimos y altamente ineficientes, formando a especialistas a una temprana edad, muchos de los cuales no encuentran trabajo en sus áreas de estudio, y que tienen dificultad para readaptarse y emplearse en sectores dinámicos que aparecen intempestivamente, y cuando tuvimos la oportunidad de implementarlo en la formación de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Andrés Bello, fue borrado de un plumazo, al momento de la venta de dicha casa de estudios.
Los ex-alumnos de la promoción que logro sobrevivir al plan original, ha tenido una enorme diferencia con aquellos que volvieron a las vetustas ideas de enseñar involutivamente.
En el siglo XXI las universidades deben formar generalistas: hombres y mujeres que tengan conocimientos básicos de ciencias, que sepan expresarse con precisión, que tengan la capacidad para presentar ideas complejas en forma clara, que tengan una alta capacidad de comprensión en la lectura, que sepan escribir bien, y que tengan conocimientos avanzados de matemática. Y, desde luego, que sepan inglés.
Una alta autoridad en materias educacionales de la epoca,me expresaba su sorpresa y reticencia al que en nuestro curriculum obligásemos al estudio de inglés.(año1988). Algunos de estos individuos se enrolarán en programas de especialización -maestrías o doctorados-, otros obtendrán mayores conocimientos en sus lugares de trabajo, y la gran mayoría tomará varios cursos de actualización durante su carrera laboral.
Si nuestras universidades no se modernizan, e insisten con el caducado modelo de las carreras rígidas y auto-contenidas, Chile seguirá estando en la mitad de la tabla de posiciones de la conectividad tecnlógica. Si, por el contrario, las universidades se modernizan y forman a nuevos ciudadanos globales, podremos mejorar en los rankings y aprovechar las oportunidades de la globalización para avanzar en la senda del desarrollo, las mejoras sociales y la prosperidad.
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