domingo, agosto 21, 2011

María Luisa Bombal, por Manuel Peña




Mi queridísima hermana Ester, me hace llegar un escrito de Manuel Peña sobre María Luisa. Es conmovedor recordar por sus líneas otros días y otros aires de quien viviese junto a nuestra familia hasta días antes de su muerte. Muy apegada a mi madre - que le suavizaba al Führer - como le decía a mi padre, y más aún a mi hermano Héctor, conversador infatigable y de una amenidad nunca vista junto a María Luisa, a quien cuidó hasta el último momento.

Lo único que me permito corregir es que se dice que Brigitte nunca vino a Chile. Solo como anécdota, que en nada empaña lo escrito a continuación, almorzámos en nuestra casa con Brigitte e hicimos muy buenas migas. Ella si estuvo, y la recuerdo aún después de varias décadas con un cariño entrañable.


Conocí a María Luisa Bombal una tarde lluviosa muy acorde a la atmósfera de sus libros. Vivía en ese tiempo, en el otoño de 1974, en uno de esos chalets de Viña del Mar que se construyeron en los años treinta, de líneas curvas y ventanas de ojo de buey



Aquella tarde de la primera cita, llegué puntual a la casa de la calle 5 Poniente 77. Pronto apareció una señora que - tras cruzar un pequeño jardín donde nadaban pétalos de rosas en las pozas de lluvia - me invitó a pasar. En medio del vestíbulo me quedé sumido en aquella claridad teatral de tarde brumosa, mirando los muebles vetustos y los cuadros al óleo, hasta que escuché unos pasos que bajaban las escaleras.

Allí estaba ella, sonriendo, vestida con pantalones oscuros y con una chasquilla sobre la frente, como una heroína de sus propias novelas. De inmediato me invitó a pasar a ese salón rodeado de retratos, sentándose alegremente en un sillón de cretona y hablándome como si me conociera de siempre. Le agradaba la gente joven especialmente si uno se acercaba a ella porque admiraba su obra. Para mí, sus libros eran una verdadera escuela de sensibilidad y del uso poético del idioma. Al cabo de los primeros minutos, mi temor inicial ya había desaparecido porque ella era muy divertida para hablar y constantemente hacía bromas.

Me llamaba mucho la atención su manera de pronunciar el castellano con una extraña modulación acompañada de ademanes con sus uñas pintadas. En ese primer encuentro hablamos de sus libros. Lo primero que me pidió fue que no le hiciera preguntas difíciles. Me contó que la habían invitado a la universidad y que estaba asustada delante de tanta gente. "Por suerte iba conmigo Sara Vial", me dijo, "Porque ella respondía. De pronto, un profesor me preguntó dónde había quedado el sombrero de paja que pierde la protagonista de "La Ultima Niebla".

Yo, indignada, le respondí: "¡¡¡Búsquelo usted!!!"... Estuvimos viendo fotografías y conversando de Katherine Mansfield a quien admiraba. Me habló de Viña en invierno, de la niebla, de un pingüino perdido que había llegado a su jardín y de su madre que estaba descansando en el segundo piso.Al poco tiempo, bajó una anciana distinguida, de pelo blanco y profundos ojos azules. Era la señora Blanca D'Anthes Precht, muy conocida en Viña por haber fundado la radio de la Universidad Santa María que transmitía siempre música clásica.

Me sirvieron té en ese salón en penumbras y mientras tintineaban las cucharillas, conversamos del balneario en invierno, del Patio Andaluz de Recreo y de los antiguos palacios del cerro Castillo.La madre era también un cúmulo de recuerdos que María Luisa Bombal celebraba con su alegre risa nerviosa... Viña era otra ciudad en aquella época, más elegante, cuando desfilaban los suntuosos carros alegóricos o cuando Sara Rioja fue coronada Reina de los Juegos Florales Cervantistas en el teatro Victoria de Valparaíso. Sí, ellas conocían a las familias antiguas, a Nina Anguita y ciertamente a Felicitas Subercaseaux que paseaba en victoria por la playa Miramar en medio de las palmeras...

Ya parecía que nos conocíamos de siempre y desde esa tarde, se sucedieron muchas visitas. En aquellas ocasiones hablábamos de viajes y de escritores. A María Luisa le agradaba hablar de películas. Sabía de estrellas antiguas. Una tarde me contó que en Buenos Aires había escrito críticas de cine en la revista Sur que dirigía Victoria Ocampo. Hojeando un álbum de fotografías me dijo: "Aquí estoy en una confitería con Norah Lange y Luis Saslawsky que dirigió a Libertad Lamarque en "La Casa del Recuerdo" con un libreto mío ambientado en una hacienda. ¡Qué pena que ni siquiera la pasen por televisión!"

Se dejaba guiar por sus recuerdos mientras a su lado, su secretario José Luis Gallardo le pasaba álbumes y se quedaba aguardando para anotar cualquier compromiso que surgiera. Aquellas reuniones eran particularmente enigmáticas, especialmente cuando llegaban a veces visitas únicas. Una tarde acudió Lily Pérez Freire, la hija del famoso compositor. Aquella noche de invierno, María Luisa Bombal cantó una estrofa de la canción "Una Pena y un Cariño" compuesta precisamente por Lily: "Me voy riendo riendo y de tí voy arrancando más si me fueran siguiendo me encontrarían llorando"... Ella me tomó gran afecto.

Le gustaba leer mis cuentos y siempre me estimulaba en mi camino literario, con gran generosidad. Me hablaba de Federico García Lorca a quien había conocido en Argentina en el año 1933, en la casa de Pablo Rojas Paz, cuando fue a estrenar "Bodas de Sangre" en Buenos Aires con Lola Membrives en el Teatro Maipo. Después de la actuación, me contó que García Lorca representó con títeres "El Retablillo de don Cristóbal" como "fin de fiesta" para el público asistente al estreno. Ciertamente el poeta sabía manipular muy bien los muñecos, pero en aquella ocasión, lo acompañó también el escenógrafo de la obra e ilustrador de portadas de revistas femeninas, Jorge Larco, con el que un año más tarde iba a casarse María Luisa... Nostágica en su sillón de Viña del Mar, recuerda a su primer marido, con el que la unían afinidades artísticas.

Eran tiempos de alegría bajo las grandes ceibas de Buenos Aires. Tiempo también para la soledad y los constantes altibajos, para escuchar a Enrique Granados que tanto le gustaba y para leer a Alfonsina Storni que iba a leer poemas al Café Tortoni. Mirando por la ventana hacia el jardín - o hacia su propio corazón - María Luisa habla de las presencias mágicas y fantasmales. También de su vida en Estados Unidos, del conde Raphael de Saint Phalle, su segundo esposo, que había fallecido en Nueva York y a quien extrañaba, de su hija Brigitte que vivía en Estados Unidos y a quien deseaba volver a ver.

Lamentablemente Brigitte jamás vino a conocer el país de su madre. Pese a las desaveniencias, siempre me hablaba de ella, incluso una vez, en que estaba vestida con una bata de color sandía, me dijo: "Me la regaló mi hija. Por eso, el día que me muera, quiero que me entierren con este vestido". Tanto la quería que la protagonista de su cuento "El Arbol" se llama precisamente Brígida. En ese tiempo, leía a los clásicos. "Siempre hay que leer a los clásicos", me decía. "Sobre todo la mitología griega que es la base de la literatura.

Allí están los argumentos verdaderamente interesantes que son los dramáticos. Ya ves, todas mis heroínas se inspiran en el mito de la Medusa. Yolanda de "Las Islas Nuevas" no es más que una Medusa moderna" Durante todo ese tiempo continuaron mis visitas. A veces salíamos a ver el mar y me llamaba alegremente "mi enamorado" o "mi Yayo", tomando ese nombre de uno de mis personajes de una novela que estaba escribiendo titulada "Princesitas". También íbamos a la casa de Sara Vial donde siempre había risas y brillantes temas de conversación. En esa casa de la calle Arlegui pasamos momentos muy interesantes y mágicos que se duplicaban con la presencia de María Luisa porque ella siempre recordaba su amistad con Pablo Neruda.

Y entonces comenzaba una verdadera cascada de recuerdos que se entrelazaba con las conversaciones amenísimas de Sara Vial. Ambas eran niñas joviales que reían y se mostraban cartas. Sara guardaba un poema que Pablo Neruda le había escrito en una servilleta, en tanto que María Luisa hablaba de una cocina en Buenos Aires donde ambos escribían porque allí había buena luz. En una esquina se sentaba ella corrigiendo los borradores de "La Ultima Niebla" y en la otra, Neruda escribía "Residencia en la Tierra". En una de esas agradables reuniones llegó María Urzúa que había sido secretaria de Gabriela Mistral en Petrópolis.

El esposo de Sara Vial, Jorge Luer, tenía una panadería que funcionaba en los bajos de la casa, de modo que a las cinco de la tarde, siempre enviaban bandejas de pasteles y pan recién salido del horno para la hora del té. Sentado en silencio en aquella mesa, yo simplemente escuchaba aquellas conversaciones de alegres recuerdos con aquellas tres escritoras que tenían de común denominador un extraordinario sentido del humor y un gran conocimiento literario. María Urzúa contaba que estando con Gabriela Mistral en Brasil, se había suicidado su sobrino Yin Yin.

A causa de ello, la escritora había escrito unas famosas oraciones que hacía leer a las personas que trabajaban con ella para orar por el alma del niño. Al poco tiempo, toda esa convivencia literaria en el salón de Sara Vial iba a ser reemplazada por otras experiencias, ya que había obtenido una beca para estudiar literatura en España. Era una gran oportunidad para perfeccionar mis estudios en el país de mis antepasados. Días antes de partir, fui a despedirme de María Luisa Bombal. Estaba muy contenta con mi viaje, pero me dijo que me iba a extrañar. En aquella ocasión, fuimos a tomar un aperitivo al Chez Gerald de la avenida Perú que le gustaba mucho por el ambiente cosmopolita.

En una de las mesas, una mujer madura, muy pálida, vestida con un grueso abrigo de piel y un joven de veinte años, hablaban de libros y poetas, del mar, del jacarandá y de cierto gomero. Yo me sentía como el dueño de un tesoro y no podía entender cómo a nuestro lado, la gente ignoraba que en una mesa estaba nada menos que María Luisa Bombal... Regresamos a su casa y nos despedimos amigablemente en el antejardín de las rosas blancas. Días después, en enero de 1976, viajé rumbo a España...

En Madrid viví en un comienzo en el Colegio Mayor Nuestra Señora de Guadalupe. Al poco tiempo, inicié el doctorado en Filología Hispánica en la Universidad Complutense. Al cabo de unos meses, inicié la tesis sobre la "Vida y obra de María Luisa Bombal" en una época en que todavía no comenzaba ese creciente interés por estudiarla que vino después con las tesis de investigación en las universidades norteamericanas y los libros de Hernán Vidal, Agata Gligo, Margorie Agosin y Lucía Guerra Cunningham entre otros. Le escribí una carta a María Luisa contándole mi deseo de realizar un estudio de su obra.

Al poco tiempo, recibí la respuesta de su puño y letra, escrita con esa caligrafía nerviosa que la caracterizaba y ese uso tan particular de los guiones: Santiago, 24 agosto 1976.Yayo querido:¡Cuánto me emocionó tu carta de Madrid del 26 de mayo pasado! ¡Cuánto, tú no sabes! Ha sido un consuelo espiritual dentro del pesar y tristeza por las que he pasado últimamente. Mi mamá murió el 14 de junio pasado. Se fue en cuatro días - pulmonía doble - pero no sufrió y se veía muy linda y joven, muerta, cuando se la llevaron.

También llevaba un semblante de paz muy grande y casi de dulzura. Bueno Yayo, yo estaba en Santiago y ella me tenía guardada tu carta que tanto aprecio y leo y releo para darme ánimos y sentirme una razón de ser. Estoy muy desanimada a ratos y atacada por la gran tentación de Satanás: la melancolía.

Por favor, Yayo. ¡Pedirme el consentimiento para ocuparte de mi pequeña obra! Si más que consentimiento te doy las gracias y todo mi entusiasmo por ello. Ojalá no te haya desanimado el no recibir contestación inmediata mía. Mi único anhelo ha sido ser conocida y publicada en nuestra Madre Patria. ¡Y ahora tú y tu valiosa ayuda ayudándome a conseguirlo! No puedes haberme dado una alegría y esperanza mayores. Me alegra aún sobremanera lo que me cuentas sobre tus estudios y además el enterarme que no olvidas tu libro mitológico. Va a ser grande. Sobre todo si los personajes no son todos completamente nuestros; si los hay entre ellos algunos "universales". Tú me entiendes. - Te echo de menos, Yayo; escríbeme diciéndome que me perdonas esta tardanza en contestarte y cuéntame de tí, tus últimas noticias. Te abraza:María Luisa Bombal.


La carta refleja el desánimo de María Luisa en aquellos años. Se sentía profundamente sola. Recuerdo que una vez, caminando por la calle Viana se detuvo bruscamente y me dijo "Yo creo que ya me morí. Y esto que estoy viviendo es el infierno". Pasaba grandes depresiones y sólo la consolaba la presencia de alguien a su lado. No soportaba estar sola. Por eso, Sara Vial fue su gran amiga en Viña, con quien podía reirse, comunicarse y hablar de literatura. Fuera de ese ámbito, se sentía desorientada, sin un lugar.

Por lo demás, Viña le parecía una ciudad fea y vulgar. Ya lo había sentido cuando escribió "La Maja y el Ruiseñor" en que recuerda, nostálgica, el balneario de la infancia. Ahora, con tantos años transcurridos, se sentía en una ciudad que ya no le pertenecía. La descripción de la muerte de la madre es uno de los pasajes más bellos de la carta. Parece una pasaje de "La Amortajada". Es que para María Luisa Bombal, la muerte tenía algo bello y misterioso a la vez.

Algo enigmático. La llegada de esta primera carta fue para mí un extraordinario incentivo para analizar su obra. Había adquirido una máquina de escribir vieja con la que me trasladaba a todas partes. Vivía en ese entonces en una casa de la calle Goya. Tenía un balcón por donde entraba la magnífica luz de Madrid. Fue allí precisamente, en ese departamento asoleado, donde recibí el libro "La Historia de María Griselda" con una dedicatoria de María Luisa. Era una hermosa edición, publicada por Roberto Silva en El Observador de Quillota. Recuerdo que este envío me causó una gran alegría y esperé la tranquilidad apropiada de una noche de invierno para leer esa novela. Días más tarde, recibí la segunda carta de María Luisa Bombal: Viña del Mar, 13 enero 1977


Yayo querido:

Gracias por tus cartas. Me han emocionado de verdad. Cartas así las necesitaba mi ánimo y corazón, y me alegra sobremanera de que éstas vinieran de tí. Gracias nuevamente por todo lo que me dices de mi obra, tu interés en ésta y en mi persona. Sí, me haces comprender cuánto he perdido yo también al irte tú tan lejos. ¡Cuánto necesito de una compañía y amistad cotidianas como podrían haber sido y ser la nuestra! Pues a mí me interesa también enormemente tu obra. ¿Cómo va tu libro, ese tu "Mitología Moderna"? Escríbeme de todo lo que escribas y piensas pues me interesa tu pensamiento y vida. Cuéntame de España y de la gente que ves.

Figúrate que mi sueño dorado desde hace mucho sería hacer un viaje largo a ésa. De España no conozco sino San Sebastián.- Yayo, me "encantó", porque la palabra es "encantamiento" lo que me inspiró tu trabajo sobre "Lo Secreto", trabajo tan profundo, hermoso...y "ameno", quiero decir lleno de gracia además. Y ahora contestando tus preguntas."House of Mist" me encuentro justamente traduciéndolo yo misma de mi inglés. Asimismo mi "The Foreign Minister". Extraña situación. ¿Verdad? pero figúrate que ya tengo contrato con las Ediciones Universitarias de la Universidad Católica de Valparaíso para su publicación apenas éstas, mis obras, estén a punto. No me atrevo a fijarte fecha aún. También van a hacer una nueva edición de "La Historia de María Griselda" y "Trenzas".Quiero que ésta salga cuanto antes para que estés al corriente de la situación respecto a todo esto último, por ello no te escribo más largo; es mucho lo que tendría que decirte. Sara Vial recibió tu tarjeta y recuerdo. Muy conmovida. Te escribirá. Para tí un abrazo fuerte de esta amiga y colega que te quiere y admira:María Luisa Bombal.

Efectivamente, María Luisa Bombal vio una nueva edición de "La Historia de María Griselda" en las ediciones Universitarias. Cuando apareció el libro, hicieron una presentación en el Club Naval de Valparaíso a la que acudió Jorge Luis Borges, especialmente desde Buenos Aires, porque eran muy amigos de esos años porteños de bohemia. Al término de la ceremonia fueron todos a tomarse fotografías a la Escalera de la Muerte en un costado del ascensor Cordillera, pero María Luisa Bombal se quedó abajo, rehusando subir ningún peldaño porque decía que le podía traer mala suerte. Era supersticiosa y en todas las cosas cotidianas encontraba su lado mágico. Yo iba siguiendo todos estos acontecimientos desde Madrid porque mi familia me enviaba los recortes de la prensa. Por fin, en septiembre de 1977 concluí la tesis doctoral. Fue entonces que recibí la tercera carta de María Luisa Bombal, una tarde con nieve, en que bajé a ver si había algún sobre con sellos de Chile depositado en el viejo buzón.Viña del Mar, 28 diciembre 1977.


Yayo querido:

Esta carta es loca y breve - pero no sé escribir cartas que no lo sean a los que considero mis íntimos dentro de mi corazón y espíritu. Te echo de menos, me haces falta como si de toda la vida nos hubiéramos visto tarde a tarde y conversado y compartido ideas, poesía y atardeceres frente al mar en nuestra terraza-restorán de la avenida Perú ¿recuerdas? - y de cómo aquel agudo, peligroso perro canillita nos siguió...y de cómo mi ama de llaves hubo de prestarnos sus lápices en la puerta porque nosotros no disponíamos del más mínimo utensilio similar..."En casa de herrero, cuchillo de palo" nos retó. ¿te acuerdas? Recibí tu carta. Sus noticias junto con su flor de Portugal me levantaron el ánimo...por unos cuantos días. ¿Cuándo vuelves a levantármelo pan-cotidiano?

Con Sara Vial te recordamos también a menudo. Ella se encontró con tus padres. Te mandará su nuevo libro de sonetos "Al oído del viento", maravilla en todo sentido. Forma, inspiración, ambiente. Soplo de su viento apasionado y clásico al oído de ese viento misterioso de Dios. - Además, figúrate que es libro "entretenido". ¿Has oído jamás catalogar a un libro de sonetos de entretenido? Pues cuando lo leas, verás que este genial adjetivo mío no les quita nada de su perfecta grandeza y tierna poesía.-

Roberto Silva me pide con urgencia unas líneas a fin de "encabezar" tu futuro, precioso y original libro de cuentos. ¿Qué puedo decir que tú no digas ya en tus cuentos? Sólo expresar mi admiración literaria por su originalidad y sentimientos. - Lo haré con entusiasmo ya que así tú y Roberto lo desean. Te felicito y nos enorgullecemos todos aquí por tus triunfos tan merecidos en nuestra Madre Patria. Feliz Año Nuevo y...vuelve este año mismo. Un abrazo de tu colega y amiga:
María Luisa Bombal.

A mediados de 1978 regresé a Chile por un breve tiempo. Antes de regresar a España nuevamente, el editor Roberto Silva me sugirió publicar mis primeros cuentos en la editorial El Observador de Quillota donde había publicado recientemente "La Historia de María Griselda" de María Luisa. Fuimos con Roberto Silva a llevarle los cuentos para saber su opinión. El título inicial iba a ser "Berta, o los dorados estambres de la locura", pero María Luisa se sorprendió con un título tan largo. Entonces, tomando un lápiz, empezó a tachar palabras dejando solamente dos : "dorados" y "locura". Desde ese momento el libro se tituló "Dorada Locura". Al cabo de unos días, fui a verla y estaba entusiasmada. "Quiero que la última página que escriba en mi vida sea la primera página de tu primer libro", me dijo, pasándome el prólogo escrito a mano en una hoja que decía:

"Nuestro editor y amigo Roberto Silva Bijit, me hace el honor de pedirme unas breves líneas de introducción para tu libro.

¿Cómo hacerlo sin dar de antemano el secreto de tu obra que es privilegio del lector el descubrir? ¿Cómo definir este libro tuyo, Manuel Peña? Cuentos de encanto. Historia de caprichos. Puntazos y apuntes de lo más hermético dentro del sentir y el pensamiento de seres puros, tristes solos, extravagantes. Berta, la inasible de un soñador extraviado. Medea, encubriendo con violencia su debilidad. Mari Tere, alegre melancolía. Ana María, la hermosa desesperada. Cristina, manojo de nostalgias.

Tu estilo, racha de viento suspirado, que pasa explicando la intimidad poética de tus personajes, de sus anhelos y muerte. Ironía, realidad cotidiana que sabes tan bien convertir en poesía. Y bien, para resumir, cito el título de tu libro "Dorada Locura", que me atrevo a decir son los estambres de una locura tan humana como tierna. Viña del Mar, Invierno de 1978. María Luisa Bombal." ..Días antes de partir, en agosto de 1978, otra vez de regreso a Madrid, nos vimos con María Luisa en la casa de Sara Vial.

Desconcertada con estos viajes, me escribió en líneas circulares alrededor de un posavasos: "Yayo: te vas, vuelves, te vuelves a ir...¿hasta cuándo?". Como sabía que regresaría a España y que tal vez no iba a verla más, le pedí que nos tomáramos una foto en la que estuviéramos juntos. Me respondió que a ella también le agradaría. Yo le sugerí que nos tomáramos una en la plaza de Viña, en una de esas máquinas de cajón. A ella le encantó la idea. La pasé a buscar una tarde, pero avanzábamos muy lentamente por la avenida 1 Norte, junto al estero Marga Marga. Cada cierto tiempo se detenía para descansar aferrada a mi brazo o para decirme alguna ocurrencia divertida, de modo que cuando llegamos a la plaza, ya se estaba oscureciendo y los fotógrafos se habían ido.

Desilusionados, fuimos a tomar un cocktail a un pequeño “pub” de la calle Etchevers que a esas horas de la tarde era muy tranquilo. Nos fuimos caminando por la calle Valparaíso que ella no reconocía. Me habló del Virreina que era un salón de té muy elegante y de su canción favorita: el vals "Fascination", en francés... Recuerdo que en el bar, ella pidió que cambiaran la música. A esa hora no había prácticamente nadie y pusieron melodías en piano. ¡Le gustaba tanto esa música! Me habló de Mozart y de Chopin. Se sentía mejor escuchando esos preludios, pero a veces le venía una puntada de tristeza. Se arrebujaba en su abrigo de piel y se quedaba pensando.

Después estallaba en carcajadas y pedía otra copa de vino blanco. Al día siguiente regresé a buscarla, esta vez, en la mañana. Ya estaba arreglada y volvimos a hacer el trayecto por la avenida del estero. Cruzamos el puente de los faroles en la avenida Libertad y llegamos por fin a la plaza. Efectivamente, nos tomaron una fotografía teniendo de fondo el Teatro Municipal y el Hotel Español. ¡Era un marco muy europeo! Mirando la plaza mientras aguardábamos, María Luisa me contó que antiguamente allí había un parque y un estanque con un cisne negro... Estaba feliz, y a los pocos minutos, nos dieron dos fotos, una para cada uno.

Al regresar a la casa, María Luisa Bombal escribió simplemente al dorso: "Yayo y yo, en un momento feliz que espero se repetirá"

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